No me siento conectado conmigo mismo: el extraño en el espejo

Hay una soledad muy específica, que no tiene nada que ver con estar solo en una habitación. Es la soledad de estar contigo y no encontrar a nadie.

Cuando el cuerpo es solo un transporte

A veces te miras en el espejo y reconoces los rasgos, pero no reconoces la mirada. Sabes quién eres teóricamente: tu nombre, tu profesión, tu historia. Pero no sientes quién eres.

Es como si vivieras ligeramente desplazado, unos centímetros a la derecha de tu propio centro.

Escuchas tu voz opinando en una conversación y piensas: "¿Por qué digo esto? Yo no pienso así". Tomas decisiones importantes basándote en una lógica que no sientes tuya, sino heredada.

No es locura. Es que, durante mucho tiempo, la señal entre tu centro de mando y tus necesidades reales se ha cortado.

No es un problema "espiritual"

A menudo, cuando decimos "no me siento conectado conmigo mismo", nos sugieren meditar, hacer yoga o buscar un retiro. Y aunque eso ayuda, el problema no suele ser falta de espiritualidad.

El problema suele ser un exceso de adaptación.

"Te desconectaste de ti mismo porque en algún momento fue la única forma de conectar con los demás."

Quizá aprendiste que tus necesidades molestaban. O que para ser querido tenías que estar siempre alegre, o siempre productivo. Poco a poco, fuiste bajando el volumen de tu voz interna para subir el volumen de las expectativas externas.

El resultado es que ahora eres un experto en leer lo que necesitan los demás, pero un analfabeto de tus propios deseos.

Vivir en automático como síntoma

Esta desconexión interna es el caldo de cultivo perfecto para empezar a vivir en automático.

Si no siento lo que me pasa, si no tengo brújula interna, lo más fácil es poner el piloto automático y seguir el mapa que me han dado otros. Hacer lo que "se supone" que toca a mi edad. Tener lo que "se supone" que da la felicidad.

Y entonces llega esa paradoja dolorosa: sentirse vacío por dentro a pesar de tener una vida llena de cosas.

El camino de vuelta al cuerpo

Reconectar no es un proceso mental. No puedes "pensar" tu camino de vuelta a la conexión. Tienes que sentirlo.

Y aquí viene la parte difícil: para volver a sentir la conexión, la alegría y la certeza, primero tienes que destapar lo que hay encima. Y lo que suele haber encima es miedo, rabia o tristeza antigua.

Muchos frenan aquí. Empiezan a escuchar y lo que oyen no les gusta. "Mejor me desconecto otra vez", piensan.

Pero si aguantas, si te permites sentir esa incomodidad sin juzgarla, algo mágico sucede. La señal vuelve. Empiezas a notar qué comida te sienta bien de verdad. Qué personas te drenan. Qué quieres hacer el domingo por la tarde.

Una cita contigo mismo

La reconexión requiere tiempo, como recuperar la confianza de un amigo al que has ignorado durante años. Tu "yo" interno no se va a abrir el primer día solo porque ahora tú quieras.

Necesita ver que vas en serio. Que esta vez, si habla, le vas a escuchar.

¿Qué es lo que tu cuerpo lleva gritándote bajito desde hace meses y no has querido escuchar?